miércoles, 22 de abril de 2009

El vecino de nuevo

Antes de empezar este capítulo tengo que dejaros unas palabras de disculpa. Lo siento de veras, y entiendo que habré perdido lectores, pero es que me están pasando cosas en mi vida personal que de momento no puedo evitar y que me quitan tiempo y sobre todo ganas de escribir. Necesito cierta paz interior para poder concentrarme y escribir sobre cosas que han pasado ya hace un tiempo y el presente me está quitando esa paz. Lo siento de veras, espero que podáis entenderme. Seguiré escribiendo, pero me temo que no puedo prometer un ritmo muy seguido. Dicho esto, empiezo con este capítulo.

El viernes a las seis y media de la tarde, después de salir del trabajo, fui a la casa donde estaba el pisito de mi jefe. No había quedado con él, sino que fui directamente al piso del vecino. Antes de llamar, me quité mi ropa (en la escalera, por supuesto) y me puse la que me había dejado él, que llevaba en una bolsa. Metí bien doblada mi ropa en la bolsa y llamé a la puerta. Me volvió a abrir el chico. Se quedó un tanto asombrado de verme. Y aún más de verme con su ropa. Según me contó después creyó estar viviendo un "dejá vu", de nuevo yo con las mismas ropas, delante de su puerta. Le sonreí y le dije, "vengo a devolverte la ropa que me dejaste". El chico abrió la puerta aún sin decir nada. Llevaba el mismo pantalón de pijama y ese día también la parte superior. Por lo visto había estado hasta ese momento frente al televisor, comiendo alguna bolsa de gusanitos o palomitas. Me invitó a entrar a la sala de estar, apagó el televisor y recogió un poco el desorden sobre al mesita que había entre la tv y el sofá.

–Vengo a devolverte la ropa –le dije–. Te estoy muy agradecida, porque los cabrones de mis amigos no me habían dejado nada. Me han dicho que ya sabían que yo me las arreglaría. Pero eso no se hace.
No es que me guste decir tacos, pero en ese momento estaba pensando en mi jefe, y lo de cabrones iba por él. Él me dio la razón.
-Como ves, traigo tu ropa puesta –le dije sonriendo–. ¿Quieres que te la devuelva?.

El chico, muy tímido, sonrió.
–Bueno –me dijo– si la necesitas...

–Yo había pensado –repliqué, sonriendo– en que quizá te gustaría recuperarla... Pero para eso tendría que quitármela.
El chico se puso nervioso. Ya dije que era muy tímido, a pesar de que ya había estado con él se sentía fuera de lugar. Así que forcé un poco las cosas:

-¿Me puedes ayudar?

Ya sé, soy muy mala. El tío hecho un flan y yo pinchándole. Pero es que si no, nos quedábamos estancados ahí. A veces los chicos sois muy tontos. Con las manos temblando, me desabrochó la camisa. Yo no llevaba sujetador. Así que sin la camisa me quedé desnuda de cintura para arriba. Sus manos fueron enseguida a mis senos. Yo me reí y me aparté, y le dije que no quería que me tocara aún. Entonces sus manos se acercaron al cinturón del pantalón. Lo desabrochó y el pantalón, que me venía grande, se cayó. Tampoco llevaba braguitas (ni nada que las sustituyera, el día anterior él me había dejado lo imprescindible para dar el pego de vuelta a casa). El vecinito se agachó para quitarme las perneras del pantalón y yo abrí a propósito las piernas para que sobre su cabeza se quedara bien expuesto mi sexo.

Hay algo en exponerme desnuda que me vuelve loca. Pero en aquel momento no quería perder la cabeza. Quería que ese chico estuviera por un rato a mi merced. Le dije, dame algo de merendar, anda. Y me dirigí a la cocina, de la que tenía buen recuerdo de la vez anterior. Me senté sobre la mesa, esperando mientras él abría el frigo y miraba qué había en él que me pudiera ofrecer. Sacó un trozo de fuet y un poco de queso. El queso me lo comí y cuando vi el trozo alargado de fuet, le dije si no tenía hambre. Sonrió por el doble sentido de las palabras. Entonces le pregunté, ¿si me metiera esto aquí te lo comerías? señalando mi culo. El tío asintió con la cabeza, aún sonriendo. "Entonces, métemelo todo". Me baje de la mesa y me agaché sobre ella, como la última vez. El chico intentó que comenzara a entrar, pero estaba demasiado seco, así que sacó un recipiente con aceite y empezó a embadurnar mi ano y a meter los dedos untados en aceite. Yo le llamaba la atención cada vez que su mano se acercaba demasiado a mi sexo, que no eran pocas veces. Después, fue más fácil que el fuet entrara. Yo lo notaba, poco a poco entrando y recolocándose a cada empujón, hasta que al final estuvo todo dentro. El chico empujó hasta que el otro extremo desapareció. Entonces empujé lo justo para que apareciera la puntita, y le dije: ahora come.
Le faltó tiempo para poner el morro en mi culo y empezar a mordisquear el fuet. Le dije que no utilizara las manos. Yo notaba su boca, su lengua y a veces sus dientes, y me excitaba un montón. Le dije que si quería podía comer pan, pero que lo untara antes en mi sexo. Y así empecé a experimentar la masturbación más extraña que me habían hecho nunca. Se me escaparon al menos dos orgasmos mientras duró la comida. Mi culo se llenaba de su saliva, su lengua y su boca humedecían mi piel, mi ano y mi sexo, en su intento de pillar un trozo de fuet. El pan se frotaba contra mi clitoris y muchas veces lo metía hasta dentro. Era una sensación extraña y muy placentera.

Cuando terminó, le dije que me limpiara bien, que no quería un resto de fuet ni de pan en mis partes. Le pregunté qué le había parecido y me dijo que no había estado tan excitado en su vida. Me fijé en su pene bajo el pantalón de pijama y el bulto lo confirmaba, así que me acerqué, aún sin dejarle tocarme y se lo agarré por encima de la tela. Después metí la mano dentro del pantalón y empecé a masturbarle lentamente. Su tronco, ya lo dije el día anterior, era enorme y daba gusto ver cómo palpitaba al apretar la mano en su torno.

Para entonces yo estaba totalmente ida, claro. Mi mente ya había perdido la razón hace rato y si este chico me hubiera conocido mejor habría sabido que podía haber hecho lo que quisiera. Me dijo que me había limpiado cuanto había podido pero que aún me quedaban restos y no quería que manchara mi ropa. Así que se desnudó y me llevó a la ducha. Entramos los dos juntos y me enjabonó entera. Estuvo acariciándome un rato, yo en una nube, sus dedos suaves sobre mi piel, sobre mis pezones, mi culo, mi sexo. Facilitado por el jabón, sus dedos se deslizaban con tanta suavidad que daba un respingo cada vez que pasaban por mi clítoris.
Después cogió un jabon de mano, era uno de una marca conocida, no recuerdo de cuál, pero sí que era con forma ovalada como un pequeño balón de rugby. Abrazándome el uno frente al otro, me abrió las nalgas y empezó a hacer fuerza para que entrase. Estaba resbaladizo y mojado, pero aún así era ancho y le costaba entrar. Me abracé a él con fuerza, cerrando los ojos mientras le dejaba hacer. Al fin entró entero y se quedó dentro. Lo sentía caliente, como el agua que caía sobre nosotros. Entonces le besé. Me sentía transportada. Cuando alcancé un nuevo orgasmo, el chico me secó, aún con el jabón dentro y me sacó de la ducha. Entonces le dije al oído: haz conmigo lo que quieras.
¿De veras harías cualquier cosa? Me dijo mirándome a los ojos, empujando violentamente con los dedos el jabón dentro de mi culo. Asentí con la cabeza, con un respingo al sentir mas dentro el jabón.
Entonces comenzó una locura. Lo dejo aquí porque sino no lo publicaré nunca. Pero espero (sinceramente) no tardar tanto como la última vez.

Un beso a todos y gracias por vuestra paciencia.

15 comentarios:

  1. A algunos de nosotros no nos perderas nunca.

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  2. aca estamos aun no nos has perdido

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  3. Hola Martika, siempre antentos a tus relatos. (k) Saludos desde México. Un beso.

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  4. Excelente Martika, este ultimo relato nos ha dejado impresionados, al menos a mí.

    Ya se te hechaba de menos, me alegro que aunque tarde hayas continuado con esto, no nos olvides tú a nosotros, nosotros no te hemos olvidado a tí.

    Un saludo.

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  5. Me llama la atención la obsesión por el sexo anal o especie de fisting, que hay siempre en tus relatos, pero son como siempre, muy buenos.

    Besos.

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  6. Wow Marta....

    espero ansiosamente que es lo que pasa en esa locura que dices...


    Saludos desde Chile!

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  7. seguimos esperando Martika!!

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  8. Hola Martika..... seguimos esperando!!!!!!, no claudiques!!!!, y,... explícanos bien porque tienes tan poquito tiempo para escribirnos tus fabulosas anécdotas....

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  9. Hola Martika.... ¿que ha pasado que ya no escribes???.... todo bien???
    ATTE, El mágico.... un saludo desde Mexico.

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  10. te sigo esperando, please

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  11. Hola Martika, soy el mágico de México, Colima.... que ha pasado?, todo bien?, porque ya no escribes???

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  12. Es una lástima, me gustaban tus relatos, de veras, y sobre todo la manera en que escribías.

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  13. Espero tu proximo posteo todavia

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  14. Ojalá pueda leer tus textos de nuevo en una proxima ocasion

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  15. Sigo esperando todavía tu proximo relato

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Hola. Deja tu comentario, me encantará leerlo, pero sé amable, por favor.

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