viernes, 19 de diciembre de 2008

El siguiente viernes de chat (2)

Bien, sigo donde lo dejé. Cuando conecté el chat, mi chico ya estaba esperándome. Me saludó y empezó a contarme cosas que ya habíamos hablado por mail. Cosas de la semana, etc. Mi jefe se había puesto de tal forma que no entraba en el campo de la cámara, pero podía leer lo que escribíamos. Yo estaba nerviosísima.
Quiero aclarar que yo quería mucho a mi chico. Llevábamos mucho tiempo saliendo, con él había tenido mis primeras relaciones sexuales y juntos habíamos descubierto casi todo lo que sabíamos del sexo, que era más bien poco pero suficiente para una pareja corriente que solo quiere sentirse más cerca del otro. Le quería. En cierto modo, sentía que esto era una traición. Por otro lado, continuar como si no hubiera pasado nada era una forma de no alarmarle, de que no se sintiera impotente estando tan lejos. Si le contaba que mi jefe me había descubierto y se estaba aprovechando, se sentiría impotente por no poder venir a "rescatarme". Si le decía que yo lo estaba permitiendo y que había algo que me estaba empujando a mantener ese estado, entonces lo perdería. Pensé en contárselo, pero más tarde, cuando estuviese aquí y como algo ya pasado. Mi prioridad ahora era que todo funcionase bien, que no notara la presencia de alguien extraño, que pensara que todo seguía como siempre. Por eso estaba nerviosa. Mi jefe podía dar un paso en falso (voluntaria o involuntariamente) y romper algo que me importaba mucho. En cierto modo, volvía a estar a merced de mi jefe. Aún no confiaba plenamente en sus intenciones, y tenía miedo de que se descubriera.
Mi jefe pidió que acelerase. Así que le dije a mi chico que se dejase de historias. Que ese día estaba muy excitada. Me preguntó si era cierto y le dije que no llevaba nada bajo la mini y la blusa. Me pidió que se lo demostrara y me abrí la blusa. La mirada se desvió un segundo a mi jefe, que no perdía detalle con una sonrisa. Mi chico me pidió que me dejase la blusa abierta y me quitara la falda. Lo hice, alternando la mirada al ordenador, desde donde me miraba mi chico y a mi jefe. Mi chico se bajó los pantalones y empezó a masturbarse, como solía hacer otras veces.

De nuevo estaba desnuda frente a mi jefe, como el viernes anterior. Y como entonces, comencé a sentir un cosquilleo que me subía por el estómago. Una sensación extraña que aún hoy me cuesta describir, porque en ella se mezclaba la vergüenza y el ridículo, la excitación y el miedo.
Mi chico me pidió que me acariciase. Hay recuerdos que tengo muy vívidos, que no se me borrarán nunca. Entre ellos esta tarde entera. Y hay momentos que aún hoy hacen que me excite solo con evocarlos, como cuando el índice y anular abríeron mi sexo y mi dedo corazón comenzó a frotar el clítoris lenta, suavemente. Mi mirada tímida y excitada se fijaba en los ojos de mi jefe clavados en la escena. Sentirme observada de esa forma me ponía más aún. Mi dedo se entretenía, mientras mi clítoris se abultaba y humedecía. Mis otros dedos abrían más los labios y me sentía más expuesta y cada vez más excitada. No tardé en conseguir un orgasmo. Mi jefe me hizo una seña de que saliera del campo de la cámara. Le dije a mi niño que iba a limpiarme y que esperara un segundo. Fue dejar el campo de visión de mi chico y mi jefe me tomo de las nalgas, puso su lengua en mi sexo mojado y empezó a lamer y mordisquear. No sé si en otro estado lo hubiera soportado, pero estaba tan excitada que ni pensé. Aún estaba sensible mi clítoris con el reciente orgasmo, cada vez que me lo tocaba con la lengua me producía una pequeña agitación. En un minuto estuve de nuevo enloqueciendo. Mis manos acariciaron su nuca. Sus manos, grandes, empezaron a atrapar mis nalgas, a jugar con ellas. Su lengua siguió recorriendo mis zonas húmedas, limpiándome e invadiendo mi interior, y uno de sus gruesos dedos empezó a abrirse camino en mi culo. Yo abrí las piernas, ahogué un grito, me sentí en el cielo.
Después de otro orgasmo, temblando, volví frente a la cam. Mi chico seguía masturbándose. Había empezado conmigo pero al no verme se había enfriado un poco. Me pidió que me quitara la blusa. Mis piernas seguían temblando sin remedio. Tiré mi blusa hacia mi jefe, que la agarró, detrás del monitor. Mi chico me pidió que me diera la vuelta. Quería mirar mi culo. Me agaché, abrí mis nalgas, segura de que mi jefe seguía también mis movimientos. Me pidió que metiera mis dedos en el ano, uno por uno. ¿Cómo iba a saber mi pobre niño que lo que él apenas alcanzaba a adivinar se lo estaba mostrando a otro con mucho más detalle? De nuevo me sentí totalmente expuesta, no solo por estar desnuda. Sentí que podían hacer conmigo lo que quisieran, mi chico y mi jefe. Que me podían pedir cualquier cosa y yo la haría sin queja. Incluso si me pedían hacerme daño. Me sentía como si ya no tuviera nada más que perder. Recuerdo que mi mente se nubló un instante, perdiendo todo juicio. Mis ojos cerrados, de espaldas a mi jefe, con mis manos abriendo las nalgas y dos de mis dedos jugando, entrando y saliendo de mi culo. Me estaba volviendo loca.
Cuando me volví, mi chico ya había eyaculado. Se fue un instante para lavarse y se lo dije a mi jefe. Éste aprovecho para acercar su mano y volver a acariciarme todo el cuerpo. Su simple contacto me producía escalofríos. Estaba muy sensible. Cuando sus dedos se entretenían en mis senos, o en mi culo, o en mi sexo, jadeaba, exhausta por los dos orgasmos recientes. Le pedí que volviera a sus sitio, que mi niño podía verle, pero en aquel instante me habría dado igual todo si él hubiera seguido tocándome de aquel modo.
Por fortuna, mi niño estaba cansado después de terminar. Me dijo que mejor lo dejábamos para otro día y cortamos la comunicación.
Desnuda, miré a mi jefe. Ahora sí estaba sola frente a él. Sola y aún perturbada. Porque lo que le dije a continuación, no lo habría dicho nunca estando serena: "Pídeme lo que quieras".
(Continuaré pronto, lo prometo)

2 comentarios:

  1. Hola Martika,
    Vaya mezcla de excitación y pánico... al final te viste envuelta en la cámara y en el espectador... y estuviste a merced del mismo... sigue escribiendo, que no puedo dejar de leer....

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  2. Las mujeres somos pudorosas y a la vez exhibicionistas, vergonzozas pero atrevidas, discretas pero confidentes, temerosas pero ardientes y ya en confianza capaces de cualquier cosa....

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