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jueves, 16 de octubre de 2008

Sola, desnuda y con mi jefe delante

Hola de nuevo. Siento no escribir con más asiduidad, pero lo hago cuando puedo y no estoy cansada. 

Resulta que mi jefe me  pilló desnuda y atrapada en su oficina y en su despacho. Para colmo, estaba en un juego en el que no podía rescatar la ropa porque la había dejado bajo llave. El pobre hombre no sabía donde meterse y yo mucho menos. Creo que empecé a respirar fuerte, o a llorar, porque mi jefe intentó calmarme. No me tocó. Yo estaba muy nerviosa y, si eso se me notaba, supongo que comprendió que un acercamiento suyo no mejoraría las cosas. Pero empezó a mover sus manos intentando calmarme. Creo que mi jefe estaba tan ofuscado como yo. Por un lado le fastidiaba haberme encontrado así, usando su despacho, y por otro intentaba calmarme porque me veía realmente echa polvo.

Las cosas que recuerdo a partir de entonces no están muy claras. Él consiguió calmarme un poco, supongo. Lo suficiente para hacerme pensar. Creo que me dijo que me vistiese y yo le dije que tenía que coger la ropa de otro sitio. Lo que sí recuerdo perfectamente es que él estaba tan nervioso como yo y que no acertó a apartarse de la puerta cuando yo salía para buscar mi ropa, así que me rocé con él y nos apartamos como del fuego.

El pobre hombre repetía de vez en cuando "Joder Marta" y  no acertaba a decir más, pero no apartaba la mirada. Después me ha confesado muchas veces que se encontraba atrapado entre la comprensión de mi situación y su deseo de verme desnuda y atreverse a más. Cuando fui al cajón donde estaba la segunda llave él siguió mis pasos. Tardé un buen rato en poder abrirlo, imagínate cómo estaría para no poder dar con el cerrojo del cajón. Para cuando saqué del cajón la otra llave, creo que ya le dio tiempo a pensar y decidir, porque fue entonces cuando se acercó a mí y me dijo "espera, dame esa llave". Yo me puse blanca.

Le dije que esa llave era la del armarito y que ahí tenía mi ropa. No recuerdo con qué palabras ni si fue exactamente así, pero él me respondió que debía darme cuenta de mi situación. Que al principio se había bloqueado con el hecho de que yo estuviera desnuda. Pero que si pasábamos por alto eso, la realidad es que yo, que ni siquiera era un empleado, había entrado en su despacho, había encendido su ordenador, había abusado de su confianza. Que había roto algo que para él era muy valioso. Y que todo eso era delito.

Me puse a temblar. 

Como siempre, escribo más de lo que quiero. Otro día sigo.


martes, 14 de octubre de 2008

Me han pillado

Pasó una noche de viernes. No puedo leer lo que he escrito antes y no sé si lo dije ya, pero las videoconferencias las hacíamos los viernes casi siempre. Hacia las siete de la tarde yo me quedaba sola. Mi horario terminaba a las siete y media pero el de los empleados acababa antes, por ser viernes. Durante un buen rato mi chico y yo hablábamos sin más. Nos contábamos qué tal la semana y bueno, qué ibamos a hacer el finde y esas cosas. Hacia las diez de la noche empezaba el juego. A veces me iba pidiendo que me quitara la ropa, a veces jugábamos con unas cartas que había hecho él y que pedían a uno o al otro o a ambos que hiciéramos algo como, no se, sentarnos sin ropa en el asiento de otra persona, o que me metiera por el escote algún objeto de la oficina, o que me pasara el teléfono de algun compañero por mi cuerpo, bueno, juegos.

Ese viernes no recuerdo la hora que sería. Llevábamos bastante rato jugando, por lo que pasaría de las once y media. Mi chico me había pedido que metiera toda mi ropa en un armarito de un compañero que tenía llave y que dejara esa llave en un cajón de otro compañero, también cerrada con llave. Esa segunda llave la dejé a la vista de la cam. Cuando digo toda la ropa digo toda. Era un juego más de los que hacíamos.

No se cuántos días habíamos hecho estos juegos. Esto pasó por febrero, así que ya llevábamos haciéndolo desde octubre del año anterior. No sé cuántos viernes habrían pasado. Si alguien quiere contar, que descuente los de Navidad, que mi chico volvió por entonces. Lo que quiero decir es que ya eran muchos viernes y nunca había venido nadie. Estaba muy confiada. Cómo iba a pensar que alguien se acercaría y menos tan tarde.

Pero ocurrió. Mi jefe abrió la puerta y quizá, mientras oía las vueltas del pestillo, me habría dado tiempo a vestirme a toda prisa si no hubiera estado todo bajo llave. Lo único que acerté a hacer fue cerrar la videoconferencia.

Creo que no me ha dado vuelco el corazón de esa forma nunca antes ni después de aquello. El corazón se me puso a cien, a mil. Creo que podía oírlo mientras me tapaba como podía. No sé si me subió la temperatura pero sentí un calor que surgía de dentro. Seguramente me puse roja. La vergüenza casi me hace desmayarme. Hubo un momento en que me dio vueltas todo.

Me bloqueé. No acertaba a decir nada, empecé a tartamudear saludando (creo). Mi boca temblaba. Estuve a nada de tener un ataque de nervios y empezar a gritar. Pero él me miró y se quedó quieto. Recuerdo que se pasó la mano por el pelo varias veces antes de acertar a decir algo. Resopló varias veces y al final dijo "Joder Marta". Al final, a mí me dio por llorar.

Lo siento, pero seguiré otro día. No esperaba que se me hiciera tan largo, pero necesito contar bien el pasado para que se entienda el presente. Ahora, al contarlo, veo que me gusta revivir lo que ocurrió, aunque por lógica lo hago desde un punto de vista muy diferente al de aquel día.

Un saludo, si hay alguien al otro lado. Me encantaría saber que hay alguien ahí. Todo esto tendría más sentido.

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