martes, 13 de enero de 2009

Las despedidas siempre son tristes... Pero siempre está la esperanza de volver

Siento tener que dejar este diario, pero no le encuentro sentido si no tiene lectores. Es una lástima, esperaba tener un poco más de aceptación, pero veo que no es de interés. Por lo tanto, dejo este web. Agradezco a los que me han seguido hasta ahora y espero que otros tengan mejor fortuna.

Añadido el 21 de enero:
No quiero quitar este post, aunque veo que me he equivocado. Agradezco a todos los que habéis respondido. Creo que después de navidades tuve un momento bajo y creí que no tenía mucho sentido seguir escribiendo, pero veo que hay quien me apoya y me sentiría responsable si dejara de escribir. Tengo poco tiempo, pero espero volver con un nuevo capítulo dentro de poco. Gracias de nuevo a todos los que habéis respondido. Y un beso de corazón.

martes, 6 de enero de 2009

Todo es diferente

El fin de semana lo pasé en una nube. No sé si tengo que aclararlo, pero cada episodio en este tema me crea una dicotomía con mi personalidad, o con lo que yo soy o lo que creo que soy. Esta vez, por un lado me sentía violada a un nivel profundo. Alguien había entrado hasta dentro de mi alma y había descubierto algo que debía pertenecerme solo a mí. No es tan agradable saber que alguien es capaz de encender un interruptor hasta un nivel donde se pierde toda voluntad. Por otro lado, ese alguien era como una pieza que encajaba a la perfección conmigo, que me daba algo muy difícil de encontrar, que me comprendía en el terreno del sexo y no se andaba por las ramas.
Lo que sentí durante ese fin de semana ya lo había experimentado el anterior. Recuerdo que el sábado salí con mis amigas. En las conversaciones triviales de siempre, sobre la semana, sobre los chicos que se nos acercaban, sobre los novios, el trabajo o las vacaciones, yo estaba ausente. Casi no sabía lo que decía. Mi mente estaba en los recuerdos del viernes y la expectación sobre lo que iba a pasar a continuación, algo que me producía ansiedad y esperanza a la vez. Mis amigas lo notaron, yo me encogí de hombros sin saber qué decir. Les dije que no me pasaba nada, que estaba como siempre.
El domingo me llamó el jefe. Me pidió que fuera el lunes con la falda de cuadros del miércoles anterior y la blusa blanca. Me sentí intrigada pero le dije que no se preocupara.
El lunes, con esa mini que dejaba al descubierto por encima de las rodillas y la blusa blanca, me presenté en la oficina a la hora normal. Mi jefe me llamó enseguida. Dame tu ropa interior, me pidió. Me quedé un momento quieta, sospechando que quizá quería iniciar una sesión como la del viernes a esas horas, pero lo hice. Me quité las braguitas, la blusa y el top y me volví a poner la blusa. Entonces, me pidió que me desabrochara un botón de la blusa, como el viernes anterior.
En el camino hacia la liberación sexual que él me ofrecía tenía que encontrar un punto medio. Se trataba, en pocas palabras de abrirme a los demás sin parecer una puta. En ese camino, en que uno debe experimentar con su sexualidad, se pueden dar falsas pistas, como esa de parecer una mujer fácil. Una mujer liberada no es la que está dispuesta a acostarse con cualquiera, sino la que se olvida de tabúes para sentirse plena, algo que no es lo mismo. El límite, me dijo, es una línea muy fina y hay que saber jugar con ella. Él no quería que yo pareciera una mujer dispuesta a todo. Pero sí quería que jugara con la líbido. El erotismo, decía, tiene un gran aliado en lo deseado cuando es inaccesible. Como ese juego podía dar lugar a confusiones, una tenía que experimentar y aprender.
Hoy, me dijo, quiero que te pasees así por la oficina. No quiero que te inclines especialmente, ni que te muestres más de lo que harías otras veces. Pero tampoco quiero que evites los movimientos que harías de normal. Comprendí enseguida lo que quería. Me negué. Le dije que era muy fuerte, que casi era como ir desnuda delante de todos. Me preguntó si me sería más fácil desnudarme delante de un desconocido. Me quedé callada un momento y después le dije que si tenía que elegir entre una cosa y otra sí, me era más fácil hacerlo con un desconocido. Después insistió. Estoy seguro de que esa negativa es solo una fachada. Este juego te gusta, aunque aún no lo sabes. No me pedía que me desnudara, ni que forzara ninguna postura para que se me viera. Yo tenía que obrar con la misma naturalidad. Solo cambiaría las cosas ese botón abierto de más y la ausencia de ropa interior. Tienes que experimentar, Marta, me dijo. Después de pensarlo un instante le dije que lo probaría, pero si me encontraba muy violenta volvería a por mi ropa. Él accedió. 
Cuando me senté en mi mesita, que estaba en la sala común junto con otras, me ardían las mejillas. Me di cuenta de que cualquiera que se inclinara para decirme algo, cualquiera que se acercara, podía verme los pechos por completo. Pero el botón que me había desabrochado permitía que se abriera más el escote sin dar a entender que era algo premeditado. Me pregunté si alguien se atrevería a avisarme.
Pasó la mañana entera sin que nadie me dijera nada al respecto. Noté que mi compañero me consultaba más que nunca, que alguno de los directivos de la empresa me hablaba o me pedía algo del ordenador, esperando mientras yo lo buscaba. Creo que la secretaria del jefe, que tenía otra mesa en la misma sala también se percató de que yo enseñaba más de lo debido. Pero tampoco me dijo nada. Supongo que no tenía la confianza suficiente.
Por mi parte, no hice ningún esfuerzo por evitar que vieran, pero tampoco hice nada que diera a entender que lo hacía voluntariamente. Parecía un descuido y sobre todo los hombres, lo veían, al parecer, como algo divertido. Me afectó algo al trabajo, estuve más torpe, más distraída.
Cuando acabó la mañana el jefe volvió a llamarme a su despacho. Cerró la puerta y me preguntó qué tal había ido la mañana. Le dije que bastante normal, que la gente había podido verme el escote y que nadie había dicho nada fuera de lo normal. Me preguntó si no se había creado alguna situación en la que hubieran podido ver bajo la falda y le dije que no, que eso era más difícil. La idea, me dijo, no era provocar, pero si crear situaciones en las que hubiera la posibilidad. Yo le dije que no me había gustado mucho la experiencia. Me dio de nuevo mi ropa interior y me permitió que me las pusiese. Después me dijo que esa tarde me recogía a las seis y media, cuando salía del trabajo.

sábado, 3 de enero de 2009

Respuesta a El Mágico

En el apartado de comentarios del anterior post hay una pregunta de El mágico que intentaba responder en el mismo apartado pero que al final, creo que por extensión y porque alguien más puede estar interesado, responderé aquí, como un nuevo post.
Me pide El Mágico que me describa antes y después de esta experiencia con mi jefe. No acabo de entender completamente su petición, pero supongo que se refiere a mi forma de ser en este terreno sexual.
Algo de esto ya comento en mi segundo post. Me pide que diga de donde soy, pero no voy a decir más de lo que ya dije. Soy de Madrid, española, pero todo esto sucede cuando yo estudiaba en una universidad de la capital de una provincia más al norte. Ni siquiera debía haber dicho esto, pero estudiaba psicopedagogía.
Yo era bastante ingénua en el terreno sexual. Sé que va a sonar a niña que no ha roto un plato, y no es eso. Creo que lo que había llegado a hacer es lo que hace todo el mundo hasta ese momento. Lo que ocurre es que, desde la perspectiva de lo que he vivido durante mis últimos seis años, ahora lo veo como muy tonto. Tenía 19 años, un novio que era el primero y con quien lo había descubierto todo... o casi todo. Casi no me acordaba de mi primito, pero leyendo el primer post de La hora del Oerkero (a quien animo a seguir escribiendo, dado que hace tiempo que no actualiza su blog) me acordé de que tuve algún escarceo con él.
Las tonterías con mi primo sucedieron cuando ya salía con mi chico, tendría yo unos quince años, pero mi chico aún ni me había tocado. No me juzguéis. Yo estaba muy pillada con mi chico. Tanto que tenía miedo de que algo saliera mal cuando empezara a haber algo de sexo. Tenía miedo de actuar de manera rara o de hacerle daño o de bloquearme con su sexo y todas esas inseguridades que nos entran a esa edad. Así que la mejor manera de quitarse todo eso era experimentar, y mi único medio de hacerlo era con mi primito. Aquello sucedió en un verano de camping en Tarragona. Y solo fueron juegos muy tontos que no contaré porque mi pretensión no es poner caliente a nadie, como explico en mi respuesta a pumuki, en el post anterior.
Con mi primo estuve haciendo "experimentos" durante un año o así, y cuando estuve preparada, empecé a abrirme a mi chico. Durante los cinco años primeros, antes de que mi jefe entrara en juego, poco a poco fuimos descubriendo nuevas cosas entre mi chico y yo. Pero siempre en un terreno muy tradicional. Siempre como pareja, como supongo que es la experiencia de cada cual. Tengo que decir que yo ya tenía cierta vena "morbosa", pero solo la practicaba con mi chico, y a un nivel muy amateur. Quiero decir que cuando estaba con él me gustaba que me mirara, que me viera desnuda. Recuerdo que cuando mis padres se iban a la sierra yo pasaba el fin de semana con mi chico en casa y yo casi siempre estaba desnuda y como mucho me ponia un delantal para hacer la comida. Había cierto morbo encubierto en que alguien, desde un edificio cercano o desde el otro lado del patio interior, me viera. Pero eso era todo lo que me atrevía a hacer. El tema de la web cam surgió cuando mi chico consiguió una beca en Italia. Él llevaba dos años estudiando historia en la uni de Madrid y consiguió esa beca que debe de ser muy importante y muy difícil de conseguir. Así que yo aproveché y fui a esta provincia, donde yo tenía unos parientes, a estudiar psicopedagogía. Como no había forma de vernos en mucho tiempo, cuando descubrí que mi jefe tenía una webcam y que mi novio tenía acceso a otra cam desde su portátil, se nos ocurrió quedar para hablar. Quedábamos los viernes. Al principio no hacíamos nada, para mí ya era un palo conectarme en mi empresa, desde el ordenador de mi jefe, a pesar de que no hubiera nadie. Pero poco a poco, mi chico empezó a pedirme cosas y cada vez me atrevía a más. Empezó con enseñarle mis pechos, o levantarme la falda, y así poco a poco me fui atreviendo a más. Yo iba despertando a algo nuevo y mi chico también. En ese perido de tiempo, antes de que me pillara mi jefe, esa vena morbosa que ya tenía se hizo mayor. Quiero decir con esto que no estaba completamente cerrada a nuevas experiencias cuando mi jefe me descubrió, lo cual supongo que hizo más fácil que comprendiera el punto de vista de mi jefe, aúnque lo que me deparaba el futuro era muy diferente a lo que había hecho hasta entonces. Los juegos con mi chico habían sido para mi chico. Y los hacía por que eran para él y para nadie más. Desnudarme, pasearme por la oficina, esconder la ropa bajo llave, jugar con algunos juguetes, masturbarme delante de la cam. Todo eso eran cosas que ya habíamos hecho cuando estábamos juntos y que ahora hacía en la oficina porque era lá única forma de que él me viera.
En resumen. Yo había experimentado con el sexo, había hecho cosas que no habría reconocido delante de mis amigas, pero siempre con mi chico y por él. Cuando apareció en juego mi jefe se desató algo muy diferente en mí. No sé si valdrá como comparación porque se trata de otro orden de cosas, pero la primera vez que viajé al extranjero me sucedió algo parecido. Me di cuenta de que había otros horizontes y se despertó en mí una avidez nueva por descubrirlos y experimentarlos. De repente, algo que permanecía dormido por desconocimiento pedía a gritos más y más. En el terreno de los viaje he intentado saciar mi hambre cuanto he podido (que tampoco es que sea mucho). En el terreno sexual, afortunadamente tuve un buen compañero. Me refiero a mi jefe. Durante mucho tiempo supo saciarlo con imaginación y sabiendo poner el límite, y aún más importante: me enseñó a poner en marcha mi propio ingenio.

Como le comento a Pumuki en su post, aunque me gusta el hecho de que mi lectura sea capaz de excitar, no es éste el principal fin de mi blog. Es mucho más importante dar a entender lo que puede dar de sí una vida sin trabas ni tabúes. Mi intención es describir situaciones y sensaciones que he vivido en cuanto que ayudan a ese objetivo. No obstante, entiendo que algunos me leen por que les excita. Si deseáis que describa mejor alguna escena o algún episodio me lo decís. Pero entended que haya veces que no lo haga. No es mi primer deseo.

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